Construyendo la grandeza de un imperio: las bóvedas de hormigón romanas I

Basílica de Majencio (306-312 d.c.), Roma.

Basílica de Majencio (306-312 d.c.), Roma.

Los romanos usaban el hormigón de forma sistemática para construir grandes bóvedas, a partir sobre todo de los últimos años de la república. Hoy me voy a centrar en las bóvedas de cañón, usadas para cubrir áreas rectangulares, que jalonan edificios tan importantes como las Termas de Caracalla o la Basílica de Majencio entre otros.

Siendo el romano un pueblo eminentemente práctico que perseguía una economía de medios en la construcción que no afectara a la grandeza del resultado, el uso del Opus caementicium en sus bóvedas parece un recurso muy apropiado. El hormigón se adapta a cualquier forma, se podían acometer las obras fácilmente, sin personal especializado, en cualquier lugar y a una gran velocidad.

Para construir bóvedas de hormigón se requiere de un encofrado indeformable. Para ello se disponía de un esqueleto de ladrillo levantado sobre cimbras de madera. Este esqueleto hacía que el peso del hormigón durante su fraguado no descansara por completo en las cimbras de madera, que habrían sido muy costosas y habrían podido ceder produciendo grietas. Una vez construido este esqueleto, el hormigón se vertía y la cimbra no servía más que como molde, abaratando y simplificando la construcción de la bóveda. Después se cubría todo con un enlucido que no tenía nada que ver en su decoración con la estructura que ocultaba.

Construcción de una bóveda romana con esqueleto interno de ladrillo.  (Figura 13. El arte de construir en Roma, Auguste Choisy)

Construcción de una bóveda romana con esqueleto interno de ladrillo.
(Figura 13. El arte de construir en Roma, Auguste Choisy)

Esto se hacía principalmente de dos maneras:

– Bóvedas de hormigón sobre bóvedas tabicadas de ladrillo.

– Bóvedas de hormigón con arcos o retículas de ladrillo.

Bóvedas tabicadas: se realizaba una bóveda tabicada de ladrillo que formaba una especie de embaldosado continuo de ladrillos cuadrados de dos pies de lado (60 cm.) y 4-5 cm. de espesor. Sobre ella se construía normalmente una segunda vuelta de ladrillos más pequeños para darle mayor estabilidad.

Construcción de una bóveda tabicada doble. (Figura 28. El arte de construir en Roma, Auguste Choisy).

Construcción de una bóveda tabicada doble.
(Figura 28. El arte de construir en Roma, Auguste Choisy).

Los ladrillos se colocaban con juntas continuas, de manera que la bóveda podía ser construida por franjas. Cuando los ladrillos de una franja estaban colocados, se corría la cimbra y se construía la siguiente. Esta cimbra se llevaba a su mínima expresión, colocando los tablones de madera a dos pies de distancia a ejes, anchura justa para cubrir las juntas de los ladrillos cuadrados de la primera vuelta.

A veces para dar mayor empaque a la unión ladrillo-hormigón, se empotraban ladrillos de canto en esta segunda vuelta. Otras veces para economizar medios en obras de menor importancia, la segunda vuelta de ladrillos sólo cubría las juntas de los ladrillos cuadrados de la primera vuelta.

El hormigón funcionaba aquí de forma monolítica, y se aligeraba en ocasiones mediante tinajas cerámicas, para disminuir así su peso propio, facilitando su fraguado y evitando tensiones internas debidas a la diferente velocidad de endurecimiento entre las capas más superficiales y el núcleo. Estos vertidos en masa de hormigón podían presentar problemas, requiriendo una ejecución muy precisa y controlada del vertido de las hiladas, cosa que no ocurre en el segundo tipo de bóvedas.

Bóvedas con armaduras de rosca de ladrillo: Permitía un mayor control de la forma final de la bóveda y una mejor organización del trabajo. Había varias maneras de construir estos esqueletos de ladrillo que aquí resumo en dos tipos constructivos: mediante entramados de arcos de ladrillo y mediante arcos individuales.

Para el primer tipo se construían rápidamente unos arcos de medio punto transversales de ladrillos rectangulares (15 x 30 cm.) separados dos pies (60 cm.), que se entrelazaban con un segundo orden longitudinal de ladrillos cuadrados de 60 cm. de lado, formando una retícula continua prácticamente indeformable.

Armadura de arcos de ladrillo unidos por hiladas continuas. (Figura 18. El arte de construir en Roma. Auguste Choisy).

Armadura de arcos de ladrillo unidos por hiladas continuas.
(Figura 18. El arte de construir en Roma. Auguste Choisy).

Pero con esta solución se gastaba mucho ladrillo, así que en muchas ocasiones se optaba por separar más los arcos, generando un esqueleto de arcos independientes con ladrillos cuadrados intercalados. A veces se pareaban para que tuviesen una mayor resistencia al pandeo. En otras ocasiones si las luces eran muy grandes, se optaba por doblarlos, construyendo un segundo arco sobre ellos. En estos casos la cimbra sigue actuando como un simple molde para el hormigón, que se apoya principalmente en los arcos de ladrillo que quedan embebidos.

Gracias a estos métodos, también aplicados de forma similar en bóvedas de arista y cúpulas, los romanos pudieron llevar a cabo obras de una magnitud y grandiosidad jamás vista hasta entonces, convirtiéndose las bóvedas de hormigón en el sistema constructivo por excelencia del Imperio Romano.

Apodyterium (vestuarios) de los baños de Caracalla. (212-217 d.c.) Fotografía: http://www.digital-images.net/Images/Rome/Baths_ofCaracalla

Apodyterium (vestuarios) de los baños de Caracalla. (212-217 d.c.)
Fotografía: http://www.digital-images.net/Images/Rome/Baths_ofCaracalla

BIBLIOGRAFÍA

“La construcción en la antigua Roma” . Xavier Valderas. http://www.elmaestrodecasas.blogspot.com.es/2011/06/la-construccion-en-la-antigua-roma.html

“La construcción romana”. Jean Pierre Adam. Editorial de los oficios. León 2002.

“El arte de construir en Roma”. Auguste Choisy, 1873.  Edición a cargo de Santiago Huerta y Francisco Javier Girón. Introducción de Enrique Rabasa. Instituto Juan de Herrera, Madrid 1999.

“Los Ingenieros Romanos”. L.A.Hamey. Akal/Cambrigde, Madrid 1990.

“Historia de la Construcción”. N. Darvey. Madrid, 1970.

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